CENDA, Centro de Comunicación y Desarrollo Andino de Bolivia, analiza el concepto de etnodesarrollo como un modelo posible y necesario para las comunidades campesinas indígenas andinas. Un modelo basado en sus propios referentes culturales, productivos y territoriales.

El etnodesarrollo pretende ser una alternativa actual, mediata o inmediata, no se trata de concebir una utopía difusa para un futuro remoto. Es actual porque se basa en la realidad de las estructuras políticas y productivas de las comunidades andinas que necesariamente tiene que confluir con las comunidades amazónicas y las comunidades urbano-marginales. Es actual porque responde a un grado de conciencia del potencial cultural, político y social de las propias comunidades campesinas andinas, que se conciben a si mismas desde 1979 como parte de la clase trabajadora y al mismo tiempo se ven como parte de una o más naciones diferenciadas, distintas de esa forma de "nación" boliviana que se percibe a si misma desde una posición de hegemonía capitalista del estado.
Etnodesarrollo no es una utopía de tipo culturalista pues reconoce tener una base social, económica y política. Etnodesarrollo no significa desintegración del estado: significa revolucionar el estado y acompañar un proceso latinoamericano en el que surjan nuevas formas de organización territorial que superen los estados fragmentarios y momentáneos existentes que sirven a la disgregación social, política y productiva de los pueblos latinoamericanos subordinándolos a un orden neocolonial.
Para lograr tal revolución de las actuales formas de dominación neocolonial, es necesario establecer una propuesta que, partiendo de modos actuales y propios de organización político-cultural del espacio social y productivo rural, se proyecte también a nuevas formas de organización de los espacios urbanos, de manera de abarcar a todos los estamentos y clases sociales afectadas por las actuales formas de neocolonialismo y explotación capitalista.
El etnodesarrollo últimamente ha sido adoptado como una política del Banco Mundial que está siendo aplicada en los países andinos de Sudamérica. Sin embargo CENDA ha empezado desde hace varios años antes un proceso para desarrollar reflexiva y autocriticamente una práctica de etnodesarrollo que tiene poco o nada que ver con la que propone el Banco.
En primer lugar, las comunidades campesinas andinas realizan estrategias de manejo de su espacio vital con arreglo a un objetivo de autonomía y seguridad alimentaria para las familias que componen cada comunidad como prioridad. El Banco tiene como prioridad el ingreso monetario. En segundo lugar, la idea de cultura propia tiene que ver con la noción de autonomía indígena. El Banco busca la plena y total integración en el mercado mundial dominado por las multinacionales financieras e industriales.
CENDA se propone reforzar las estrategias campesinas andinas de manejo autónomo de su espacio vital, de su territorio. El Banco, está en la suya tratando el tema indígena para que puedan ingresar a ser parte del mercado y al fin romper el único resguardo que queda.
Nuestra búsqueda, sin embargo, no es teórica y pretende sustentarse en la experiencia y no sólo en la crítica teórica.
Como resultado de la impresionante emergencia de los movimientos sociales en Bolivia desde el año 2000 con la Guerra del Agua, el campesinado andino ha quedado en una posición de gran expectativa, gracias también a la iniciativa que ha tenido para organizar su propio Instrumento Político en 1995. Pero fue la unidad que lograron las organizaciones campesinas andinas, los colonizadores productores de coca en las zonas bajas, y los pueblos indígenas en la Amazonía y el Chaco lo que permitió avanzar en una propuesta común hacia las autonomías indígenas en la Asamblea Constituyente que se convocó en 2006 y que terminó su trabajo en diciembre de 2007.
El texto de Nueva Constitución Política del Estado aprobado el 9 de diciembre del 2007 recoge en gran medida las demandas de los movimientos indígenas y campesinos a nivel de Bolivia, que se plasma en el reconocimiento de sus derechos como pueblos indígenas originarios, tanto a nivel de territorio como de su forma de gestionar su territorio en base a sus normativas. El nuevo texto constitucional aprobado sienta las bases para que se establezcan las autonomías indígenas originarias campesinas. Allí pueden estar las bases para que el etnodesarrollo se vuelva una realidad y sirva de ejemplo para una forma de sociedad que no necesariamente tenga que estar subordinada a los intereses de las grandes multinacionales.
Por otro lado, un logro muy grande fue la declaración de los derechos de los pueblos indígenas por la ONU, la que explicita la existencia una forma diferente de ver el desarrollo desde una visión indígena y que se tiene que respetar y proteger.
Las formas productivas campesinas andinas, diferenciadas en su tecnología productiva y en su arquitectura organizativa, en su normatividad interna, manejan una agricultura que no es precisamente de subsistencia. Aún en las actuales condiciones de deterioro de los términos de intercambio entre agricultura e industria que se ahonda cada vez más, el producto campesino es la base alimentaria más importante de la población trabajadora de Bolivia. Genera el excedente que permite los procesos de acumulación en los pequeños centros urbanos provinciales y establece la base de su existencia.
La certeza que tenemos como CENDA por la experiencia de trabajo de años con las comunidades campesinas indígenas, es que hay una forma diferente de enfrentar el desarrollo que privilegia la unidad familiar los lazos de solidaridad y el bien común, basados en una forma de organización de la producción que no se basa en la obtención de la ganancia a cualquier costo, sino mas bien de lograr un desarrollo equilibrado de todos, en base a un desarrollo territorial, donde la tenencia de la tierra de manera comunal es el sustento para este sistema, siendo de esa manera el opuesto a la manera capitalista que privilegia la propiedad privada y el derecho individual.
El Etnodesarrollo privilegia los derechos colectivos, sin dejar a un lado los derechos individuales, es el equilibro entre estos dos que hacen su base. El etnodesarrollo es también dinámico, no es estático, y de acuerdo a las oportunidades y a la decadencia del sistema capitalista es que logra paso a paso ir ganando terreno, de estar reducido en trincheras en comunidades con pequeños agricultores, ahora esto se ve explicitado de manera formal en una declaración de los derechos de los pueblos indígenas a nivel de la ONU. Por otro lado se ha avanzado en gran manera en el texto de la nueva constitución que va a ser sometido a referéndum que tiene las base principales para llevar adelante un proceso de etnodesarrollo por lo menos ya explicitado desde la constitución. El hecho que se reconozca un estado plurinacional, donde se pueda elegir a los representantes por usos y costumbres que se reconozca el pluralismo jurídico son avances muy grandes que hace unos 10 años no se podían imaginar.
CENDA
Centro de Comunicación y Desarrollo Andino

CENDA, el Centro de Comunicación y Desarrollo Andino fue fundado en 1985 en Cochabamba, Bolivia y desde entonces ha tenido una historia marcada por una permanente reflexión sobre su propio accionar y sobre la transformación de la realidad nacional.
CENDA trabaja con las organizaciones campesinas quechuas, y comenzó ese trabajo con la Subcentral Raqaypampa, en el sur de Cochabamba, una zona de fuerte identidad étnica. El equipo de CENDA ya venía trabajando con su periódico Conosur, un periódico bilingüe quechua-castellano desde 1983 y se ha ganado la confianza de las organizaciones campesinas a través de ese trabajo de comunicación.
Desde 1996 CENDA amplió su trabajo a otras regiones quechuas, tanto en Cochabamba como en Potosí. A partir de la Guerra del Agua, estuvo claro que era necesario establecer una alternativa nacional, para apoyar la demanda indígena y popular de una Asamblea Constituyente Soberana y Fundacional. En 2003 los pueblos indígenas, las organizaciones campesinas y los habitantes de las ciudades lograron en una muestra de unidad y solidaridad derrocar el gobierno de Sánchez de Lozada, responsable de la enajenación de los recursos naturales, responsable de promover un mercado de tierras que amenaza con liquidar la pequeña propiedad y responsable de muchas muertes. A partir de allí comenzó la tarea de diseñar una propuesta de transformación de la organización política y social del país. Las organizaciones campesinas, indígenas y originarias se unieron en lo que se llama hoy el Pacto de Unidad, y a través de numerosos eventos lograron elaborar el texto que es hoy la base del texto constitucional aprobado por la Asamblea Constituyente. Es un ejemplo de que el pueblo no necesita esperar que las soluciones le vengan de arriba y que si se organiza autónomamente avanza a pasos agigantados.
CENDA conforma junto con otras instituciones como CEJIS, NINA y otras el equipo técnico que dio apoyo a ese proceso de discusiones y elaboración que aún tiene varias tareas por delante. No solo se trata ahora de conseguir la aprobación de la constituyente en el próximo referéndum que se va a celebrar el 4 de mayo. Se apruebe o no ese texto constitucional en las urnas, es un hecho que la autonomía indígena originaria campesina va a seguir avanzando desde las comunidades y que es una realidad que los poderosos tendrán que aceptar.